5 de marzo de 2008

“Al diablo con las instituciones”, el fondo y la forma de la frase



Cuando López Obrador dijo la frase “al diablo con las instituciones” en pleno conflicto post electoral de 2006, muchos lo tacharon de que había enloquecido, de que se tenía razón de que era “un peligro para México”, de que estaba esquizofrénico y una serie de adjetivos más que en lo general poco tienen que ver con la figura de AMLO.

Si medimos las estrategias de AMLO en preferencias electorales, podríamos afirmar que han estado erradas, 20 meses después de aquel 2 de julio, posiblemente estemos viendo a un López Obrador lejos de aquel 80% de popularidad con el que llegó a posicionarse siendo Jefe de Gobierno del Distrito Federal, sin embargo tiene una base de seguidores que lo mantienen vivo, que lo mantienen dentro de la esfera del debate público, simplemente ignorar a López Obrador es imposible, aunque el gobierno caldernista opere para censurar a comunicadores de la talla de Carmen Aristegui, los argumentos que sigue dando AMLO siguen siendo de importante relevancia.

A casi dos años de aquel “al diablo con las instituciones”, analizo el fondo de la frase, basta con ver nuestro aparato de justicia, ver la aberrante resolución en el caso de Lidia Cacho y Camel Nacif, basta con ver la foto de Calderón y Mario Marín, jugando a la política y burlándose de una sociedad cansada de impunidad, basta con ver el papel de Juan Camilo Muriño para la reforma energética y los beneficios personales, basta analizar a los sindicatos de nuestro país y para no ir tan lejos, basta con analizar a los propios partidos políticos que “nos representan”, porque la frase dicha por AMLO, ira también el corazón del perredismo, cuando la “izquierda moderna” de Jesús Ortega quede a doc al gobierno de Calderón, simulando ser izquierda opositora en una simulada democracia.

La lucha política de AMLO tiene razón de ser, aunque el gran error de López Obrador es no ver a ese México conservador que no está dispuesto a cambiar, es un México que también incluye a sectores pobres de nuestra sociedad, que no cambian la aparente estabilidad que tienen por una sola oportunidad de tener un nuevo modelo en la política económica y en la forma de ejercer el poder, ese México es latente y es un México temeroso, influenciado por los medios de comunicación, muy cimentado en la clase media, que en el proceso electoral del 2006, se dejó contaminar por la estrategia del miedo. Decir “al diablo con las instituciones” en lo personal, tiene razón de ser, pero para el México conservador, que está conforme más no satisfecho con el actuar del sistema, representa la letanía de adjetivos y argumentos que la derecha supo posicionar contra el lopezobradorismo, tales como peligroso, como crisis, como Hugo Chávez, etc.

AMLO sin duda está vivo y sigue sacando ampolla, sigue siendo el político que la élite quisiera desaparecer por el único motivo de que no comparte sus intereses empresariales, a AMLO lo mueve la justicia y la trascendencia histórica más que el mismo poder, y ese recorrido por los más de 2500 municipios del país parece obsesivo, sin embargo es el paso lento de un líder que trae un mensaje con mucha razón en el fondo, y como les dijo a los diputados el 7 de abril de 2005 en su proceso de desafuero, “ a mi me juzgarán ustedes, pero todavía falta que a mí y a ustedes nos juzgue la historia” dejemos que la historia siga su curso y ver el resultado de 5 años más de conservadurismo y 5 años más de lopezobradorismo.

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