16 de junio de 2008

Y tú ¿Cuánto (as) (neuronas) quieres perder?

No había visto cosa más humillante en la televisión mexicana que el último reality show de televisa, titulado “y tú ¿cuánto quieres perder?”, me tocó ver en un resumen con Loret de Mola, como una de las participantes había sido expulsada y a llanto tendido narraba su frustración. Su reto era salir del reality como Galilea y con el fracaso de haber sido expulsada, ella estaba segura de que su ex esposo, que la había dejado por gorda, iba estar muerto de risa.

Con todo respeto, no creo que ningún ser humano sensato tenga algún tipo de sentimiento con este tipo de programas que no sea la pena ajena, cada vez estamos confundiendo más al entretenimiento con la estupidez, no tengo la menor duda de que los seres humanos necesitamos válvulas de escape para aminorar el estrés que nos produce que las bondades de la economía globalizada no lleguen a nuestra vida, bondades que solo las palpan y las viven un pequeño porcentaje de la población, ya me convencí y reconvencí que el sistema está mal y es aberrante que algunos insistan en mantener este sistema económico cuando estamos entrando a una de las grandes crisis de la humanidad, la crisis alimentaria, se nos deja venir el apocalipsis financiero, donde muchos especuladores ganan jugando con los precios de los granos y alimentos básicos, vivimos un mundo demasiado complejo, donde convive gente muerta de hambre como en el África subsidiaria, con gente muerta de infartos al miocardio por esas bondades que nos ofrece Ronald Mc Donal y la industria refresquera. Por nuestros malo hábitos alimenticios, a los 40 años tenemos taponeadas las arterias de grasa, somos diabéticos, sufrimos hipertensión y un sin fin de males que terminan en largas agonías, (recomiendo leer, como suicidarse sin maestro, del maestro Riuz) y al mismo tiempo convivimos con la gente afectada con la psicología del mundo pop y de la farándula, seamos sinceros, cuántas mujeres no quieren estar como Galilea, así como la gordita expulsada, y hacen todo tipo de absurdas dietas hasta buscarse un serio problema de anorexia, este tipo de enfermedades mentales son las enfermedades fashion de nuestras sociedades modernas, en fin, hay gente que no tiene hábitos alimenticios simplemente porque no tiene ni para comer, hay otros que pensamos que nos alimentamos bien comiendo transgénicos y porquería y media y hay otras, que en su mayoría son mujeres, de niñas les impusieron a Barbie como prototipo a seguir y les metieron en la cabeza que un huesito forrado de piel se veía cachondo y dejaron de comer por gusto.

Inicié esta entrada a mi blog queriendo hacer una crítica a los medios de comunicación y terminé hablando de hábitos alimenticios, al final de cuentas una cosa (la tele) nos lleva a otra (a pésimos hábitos alimenticios) dirá usted que no hay correlación alguna, pero bueno, basta con ver la cantidad de estímulos publicitarios que recibimos al día de porquerías para tragar, hemos visto como parte de nuestra vida a la coca-cola, consumámosla por los próximos 40 años y veamos en que calidad están nuestros huesos y nuestra presión arterial, y así nos vamos con Marinela, Bimbo, Maruchan, Mc Donals, Burger King, Tía Rosa, Kelloggs y toda la chatarra que nos anuncian por tele.

Bueno bueno bueno, la televisión es sin duda la fábrica de idiotas por excelencia, pésimos contenidos han mantenido al pueblo hipnotizado, y eso combinado con un proyecto económico de los dueños de las televisoras, han hecho de sus espacios noticiosos, un cúmulo de mentiras, TV azteca, logró absorber en el aspecto técnico y del espectro el único proyecto de televisión independiente, aparte del 11 y del 22 que ha existido en el país, CNI canal 40, y Televisa logró absorber y descafeinar a los que hace 4 ó 5 años eran grandes periodistas independientes de ese mismo canal 40, Ciro Gómez Leyva, Denise Maerke y el caso más tangible, el de Victor Trujillo. No debe ser fácil resistirse a los niveles de audiencia de televisa y mucho menos a sus prerrogativas económicas. En el terreno político, después del 2 de julio, Televisa cerró filas con el gobierno panista, es de extrañarse que de todos los que por ejemplo, conforman el programa de debate tercer grado, que cuenta con la plana mayor de conductores y editorialistas de Televisa, no hayan visto una sola anomalía en esa elección, ya no digamos que hayan dicho que fue fraude, eso era demasiado pedir, juzgaron a consigna y pues todos mantienen sus puestos.

Muy distinto es el caso de Carmen Aristegui, recordarán que ella junto con otras conductoras de Televisa hicieron una campaña titulada “si le pegan a una nos pegan a todas”, donde salían en fotos simulando haber sido golpeadas, campaña para prevenir violencia hacia las mujeres, pues bueno, me hubiera encantado que con esa actitud publicitaria, Adela Micha, Denise Maerker y Lolita Ayala, participantes de la campaña, se hubieran sentido agredidas cuando por consigna de Televisa, quitaron de W Radio a Carmen Aristegui, siendo el programa con más raiting del DF y área metropolitana, la quitaron por el único hecho de que Aristegui no era afín al gobierno Calderonista.

La televisión es hoy lo que la religión era en la edad media, un gran controlador de conciencias, así como la iglesia en la edad media tenía una versión universal de las cosas, la televisión ahora tiene versiones dependiendo de los intereses que le convenga, antes por lo menos los dueños de la televisión (en este caso antes solo había uno, Azcárraga Milmo) se cuadraba con el poder en turno, ahora el poder en turno se cuadra con los dueños de la televisión (en este caso son dos, Azcárraga Jean y Salinas Pliego).

El proyecto neoliberal, encabezado por Felipe Calderón, tiene como pilar de su estructura a la televisión, tengo el sueño utópico que algún día la dejemos de verla y generemos una capacidad abstracta de pensamiento, o bien, ojalá que algún día los contenidos vayan directo a la construcción de una sociedad más pensante, la gran diferencia entre la iglesia de la edad media y la televisión del siglo XXI, es que antes la religión se nos imponía a huevo, ahora el espectro anda por lo aires y llega a nuestra casa, pero nosotros tenemos la libertad de prender o no la tele.

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