5 de octubre de 2008

Andrés Gómez Emilsson, vocero de millones.

Consulta el video de El Universal en la parte de abajo.
Tal parece que el 2006 será la sombra de Calderón por los próximos 4 años que le quedan como Presidente. Me transportaré a la madrugada del 6 de julio de ese año, desde un día antes había estado el conteo de todas las actas de los 300 distritos electorales del país, la tensión del supuesto final de fotografía en las elecciones, me había generado una migraña como hace tiempo no me daba, todavía cuando López Obrador iba arriba por escasas centésimas, decidí irme a dormir con una bolsa de hielo en la cabeza, aproximadamente a las 5 de la mañana me desperté y prendí la televisión, en esos cuantos segundos en los que la televisión cobra luz, alcancé a escuchar la voz de Calderón con un discurso de "unidad", poco a poco en la caja de cristal se iluminaba su figura, para mí, el tiempo se detuvo por la supuesta victoria de Calderón, la euforia panista al estilo de cuando gana la selección mexicana, me deprimió totalmente.

Yo era de los millones de mexicanos que eligió cambiar el modelo económico del país votando por López Obrador, encontraba razones de peso para llevar al poder a la izquierda por primera vez en la historia contemporánea de México, el festejo panista para mí era una burla, en mí subjetividad lopezobradorista, consideraba que la gran degradación del estado mexicano era por la continuidad que el panismo le había dado al régimen, y lo que más me indignaba, era la farsa democrática del foxismo.

La euforia calderonista del 6 de julio del 2006, viene a chocar con una triste realidad, la del fracaso del proyecto de país que quisieron imponer, en verdad desearía de todo corazón ver a un Calderón que nos restregara en la cara que tenía razón, un Calderón que marcara la diferencia, pero no, desde la forma de su llegada al poder, se quedó atado de manos. Los millones que consideran que hubo un fraude y sobretodo, su actuar como Presidente, han levantado la voz de la inconformidad.

El viernes 3 de Octubre en la entrega del Premio Nacional a la Juventud, cuando Calderón elogiaba a la indígena Eufrosina Cruz porque alzó la voz en su comunidad y defendió el derecho de las mujeres al voto, Andrés Leonardo Gómez Emilsson, estudiante de 18 años que había recibido de manos del propio Calderón el mencionado premio, se puso de pie en el podio, alzó los brazos y grito: “¡espurio!”. Habemos quienes en un juicio subjetivo pensamos que hubo un fraude electoral, Andrés Gómez es un alumno brillante en matemáticas que argumenta, con base en análisis estadísticos, de que Calderón hizo trampa en los comicios de hace dos años, pienso que hay formas de analizar el fraude, políticamente, religiosamente, tecnológicamente y de la forma como Andrés lo hace, científicamente, algo totalmente objetivo.

El escenario del suceso no pudo ser mejor, un día después de conmemorar el 40 aniversario de la matanza del 2 de octubre, conjuntamente con el grito de Andrés se vino inmediatamente otro grito de otro joven llamado Marco Jiménez: “no hay libertad, no hay libertad en el país”. Los espontáneos reclamos son una muestra de lo que muchos visualizan como país, se levanto la voz de Andrés Gómez ante lo que él consideraba un discurso hipócrita de Calderón, el hecho de estar hablando de una indígena que les dio voz a las mujeres de Oaxaca para que puedan votar. “¿Por qué él (Calderón) no le dio voz a los mexicanos al convertirse en presidente? Eso me estaba matando por dentro; no lo podía dejar pasar” argumentaba al ser cuestionado por su consigna. Los gritos de los dos jóvenes son gritos que quisieran dar millones, y en escasos segundos y ante el demagógico discurso de Calderón, ellos dos se convirtieron en voceros.

Andrés Manuel López Obrador ha retumbado su voz decenas de veces en los muros de Palacio Nacional desde la plancha del Zócalo, pero jamás una voz de otro Andrés, ha sido tan certera para reclamar a Calderón y dentro de Palacio Nacional, lo que millones de Mexicanos vemos en su figura al ostentar la Presidencia, fraude, engaño, falsedad, continuidad y simulación democrática.

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