10 de noviembre de 2008

Mouriño

Mouriño se estaba acostumbrando a vivir en el ojo del huracán; tuvo una breve y polémica carrera política, marcada más por su ambición económica en beneficio de las empresas de su familia que por el servicio a la patria, no hay muerto malo, Calderón lo reivindicó como un gran servidor de México, quizá sea el prototipo a seguir dentro de una clase política cegada por el poder económico.

Mouriño muchas veces se comportó más como personaje de la farándula que como secretario de estado, los medios acosaron la vida de Mouriño, él encantado de dejarlos entrar hasta la cocina de su casa, parecía que los problemas del gobierno eran cosa secundaria cuando la revista Quien publicaba sus marcas de ropa, sus bebidas favoritas, sus fiestas y círculo social; tal parecía que lo público era secundario, lo privado era lo importante. Nos estamos acostumbrando a ver a los políticos como personajes inalcanzables, que por enterarnos de que toman el mejor de los vinos todos los días, piensan que están lejos de perder la vida en menos de 30 segundos.

Mouriño fue pieza clave en la reforma energética calderonista, una reforma que aunque fue muy celebrada por el gobierno, no estuvo a modo de los que la impulsaban, Mouriño no fue objeto de calumnias y difamación como Calderón aseguró con su muerte, más bien Mouriño fue exhibido por los famosos contratos que firmó como apoderado legal de “Transportes Especializados Ivancar” siendo asesor del que entonces era Secretario de Energía y después sería Presidente, funcionario y empresario a la vez, mano derecha de Calderón, a la larga se pudo haber convertido en el personaje siniestro del sexenio, de su tráfico de influencias sólo sabíamos la punta del iceberg. Aunque apuntaba para ser el candidato a Presidente en el 2012, Mouriño únicamente gozaba de poder político pero no de credibilidad para poder llegar legítimamente a tan alto nivel, en poco tiempo se le notó la voracidad empresarial que impulsaba como Secretario de Gobernación.

Juan Camilo Mouriño, era en parte la materialización del personaje ficticio que Carlos Fuentes creó en su novela “La Silla del Águila”, un joven secretario de gobernación, llamado Nicolás Valvidia, que nació en España, que llega a ser Presidente de México por la repentina muerte del que ocupaba dicho puesto, Nicolás llega a tales niveles por el impulso de poderosos y siniestros personajes de la vida política de México.

La tragedia del pasado 4 de noviembre, deja la incertidumbre del sabotaje, en caso de haber sido un accidente, quizá lo sabremos todo aunque no creamos nada, en caso de haber sido atentado, quizá ni siquiera imaginemos en que niveles de obscuridad esté nuestra política. El factor humano de la tragedia va más allá de las personalidades que murieron dentro del avión, el estado no puede olvidar a los héroes que murieron caminando por la banqueta o que aún se aferran a la vida con el 80% de sus cuerpos quemados, ¿héroes por qué? Por ser personas comunes, lejanas del poder político, que no recibirán honores y que quizá, tristemente sean abanadas a su suerte.

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