15 de junio de 2009

5 de julio, la apatía colectiva.



Mucho se habla del voto nulo, del voto en blanco o de simplemente no ir a votar. Felipe Calderón está por vivir sus elecciones intermedias, las vive dentro del panorama que trae consigo una crisis económica mayúscula, la interminable corrupción en el aparato del estado y su guerra contra el narcotráfico. Calderón está a la mitad de lo que parece ser un sexenio estancado en los mismos problemas de México, problemas que el sistema ha alimentado desde años y que sólo benefician a la misma clase dominante de siempre.

Calderón le apostó a no cambiar, y no precisamente porque no quiso, sino porque simplemente hay que recordar su llegada a la presidencia y ver que la imposición que para muchos representa, se debía a los favores recibido por ese selecto grupo de gente que maneja a México como quiere, los enemigos forzosos del proyecto que encabezaba López Obrador, si el tabasqueño hubiera llegado a la presidencia, representaba para ellos cambiar las reglas del juego en el sistema económico y con ello perder sus prerrogativas.

López Obrado comprobó en estos tres años de gobierno calderonista, quizá un necio carácter que lo llevó al declive en su popularidad y simpatías; sin embargo, al día de hoy es el único político incapaz de negociar con la mafia política, su personalidad como la de cualquier otro es de claroscuros, pero en AMLO los claros son muy claros y los obscuros no lo son tanto. No lo defiendo del todo, de hecho pienso que AMLO por congruencia y más por estrategia, debería no ser candidato en el 2012 y dejar que otro encabece el proyecto de la izquierda para ese año; los errores cometidos por su parte, son una paradoja, por un lado representan el repudio colectivo de un gran sector de la sociedad; por el otro, representa lo que comenté arriba, es un personaje que no negocia con la mafia política y eso en este país debería ser tomado en cuenta; sin embargo, el repudio tiene mucho mayor peso que le impediría llegar a la presidencia.

Pasamos tres años sin poder digerir por completo el 2 de julio de 2006, el descontento fue colectivo, al final de cuentas en la democracia siempre habrá ganadores y perdedores; sin embargo, en la democracia mexicana no se vence sino se destruye. Los que apoyamos a AMLO, quedamos en el descontento de lo que consideramos un fraude electoral, quedamos descontentos por la derrota que no fue precisamente derrota, sino por la imposición de Calderón disfrazada de plena democracia. Por otro lado, el calderonismo quedó atado de manos al momento de tener que empezar a pagar los compromisos y por la sombra constante de López Obrador. El calderonismo no funcionó desde el momento en que festejó su llegada a la presidencia, sacó una reforma fiscal que comprobó que lo que necesita el gobierno para conseguir recursos no es inventarse impuestos, sino hacer lo necesario para hacer este país productivo, hoy con todo IETU e IDE hacienda está pariendo chayotes porque la recaudación va a la baja por la cuestión de la crisis financiera; Calderón sacó una disque reforma energética que no soluciona los grandes problemas de la paraestatal, no frena la inmensa corrupción ni frena el abuso del sindicato petrolero, además no marca una nueva ruta para la política energética, muy al contrario, seguimos pagando gasolina cara y no somos capaces de construir una refinería; Calderón tiene sustentado su gobierno en la comunicación social del estado, no inyectó bríos de cambio sino de continuidad, la misma continuidad que viene desde el neoliberalismo priista y la farsa foxista. El sistema es el mismo.

Todo el ambiente electoral está contaminado por el costo – beneficio que nos representa la clase política, las campañas políticas son carísimas y sólo sirven para llevar a un puñado de inútiles a diferentes puestos de elección popular donde sólo se beneficiarán ellos cobrando excesivas regalías. El hartazgo de la sociedad es abrumador; el desempleo, la crisis y el funcionamiento de todas nuestras instituciones nos ha llevado a dejar de creer en la jornada electoral como una fuerza efectiva para cambiar las cosas; al contrario, hoy un gran sector de la gente piensa que votar no sirve o sirve poco y por los mismo hay una contracampaña para anular el voto, se pretende crear un gran movimiento que por medio de las urnas, por medio de lo que lleva a los inútiles al poder, se manifieste el descontentó social y el repudio a nuestro sistema político, la idea suena maravillosa sin embargo, es una utopía. Al final de cuentas nuestro sistema esta creado para que con un sólo voto de diferencia se obtenga un puesto de elección popular, al final de una jornada electoral alguien nos gobernaría, así sea con un infame 20% de votos de todo el electorado como ya sucedió en Oaxaca, el voto nulo es defendible y también es un derecho, pero a la vez quien lo emita, tendrá que tener la sabiduría suficiente para saber que con todo y su voto nulo tendrá un nuevo gobernante y un nuevo congresista.

La solución va más allá de votar o dejar de votar o votar nulamente. Difícil es encontrar la solución a la ineficacia de nuestra clase política, mientras no haya la voluntad de todo un país para renovar a las instituciones, estaremos destinado al naufragio como país. El problema de México es un problema hasta cultural, problemas como corrupción, impunidad son emanados de una cultura centenaria de injusticias y simulación democrática; pienso que la renovación de conciencias es una cuestión hasta espiritual, es necesario renovarnos y crear un nuevo ambiente de armonía para quitarle a México este karma centenario, la nueva armonía vendrá de líderes comprometidos con el entorno, vendrá de una sociedad que sepa valorar lo más sobre lo menos, como es el cuidado del medio ambiente sobre cualquier interés económico, es necesaria la concepción del poder como una forma de servicio colectivo y no propio, quitarle el poder al dinero y que este no gobierne sobre la conciencia de la gente, que no busquemos la ambición del dinero sino trabajemos para que todos como nación tengamos garantizada nuestra calidad de vida por medio de la salud, la educación, la vida digna. Crear un nuevo México es necesario antes de que el México podrido termine por colapsare y ahora si sea obligado buscar una nueva forma de organizarnos, evitémoslo, comprometámonos a repensar el sistema y buscar un nuevo México donde la honradez y la eficacia de nuestros políticos sea la idónea.

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