4 de septiembre de 2009

De revoluciones y falsas revoluciones

Con la actual política económica de Calderón, donde ha mandado a la pobreza a 6 millones de mexicanos más, el país bien podría parecer estar rociado de gasolina, para que cualquier chispa lo pudiera encender en un estallido social. Esa gasolina está rociada sin duda por la extrema pobreza, extendida a la vez por los suelos mexicanos, por una clase media en extinción, agobiada por las altas cifras del desempleo, donde el sustento de su esperanza en dar una mayor calidad de vida a sus familias, están siendo desmanteladas por un futuro nada promisorio, cuando se pierde la esperanza se pierde mucho y a la vez se encausa un coraje profundo en querer cambiar las cosas.

Cuando el descompuesto panorama social se combina con la insensatez de nuestros gobernantes, enriqueciéndose a costa del batallar diario de muchos mexicanos que no ganan para vivir con lo indispensable, podríamos estar formulando los motivos de una revolución. Para fortuna del sistema, la televisión es el gran adormecedor de conciencias que nos podría distraer de la realidad en la que vivimos, dando como resultado la poca probabilidad de una revolución para un verdadero cambio en el sistema. Al final de cuentas, todos desearíamos evitar un transe violento para encontrar un camino alterno, pero a lo largo de los últimos 10 años, nuestra supuesta madurez democrática, no ha servido de mucho, el cambio de partido en el 2000 sólo fue eso, un cambio de partido y no de forma de ejercer el poder.

Aunado a todos los problemas económicos que vive el país, tenemos la inmensa corrupción en el aparato del estado y a la vez, el desolador panorama de la lucha de Felipe Calderón contra el narcotráfico, este punto es en el que quiero destacar una cosa, hace 100 y 200 años el país estaba en guerra, guerras motivadas por la tremenda desigualdad social en la que ya vivía el país, hoy el país está en una guerra inventada por el presidente Calderón para lucha contra un problema que va mas allá de narcos y policías, el problema de la droga no se acaba con balas y presupuesto al ejercito, el problema de la drogadicción se reducirá cuando tengamos un sistema que procure una mejor calidad de vida, no centrada únicamente en la cuestión económica sino en una sociedad que procure velar en todo sentidos por el completo desarrollo humano de sus habitantes.

Ahora bien, la descomposición social podría ser el marco de una verdadera revolución, para mi es indeseable y a la vez difícil de suceder, sin embargo, el panorama pareciera alentar una revuelta. Un panorama aún menos deseable sería una falsa revolución fraguada desde el mismo crimen organizado, quien tiene los recursos y las armas para alentar a una revolución tomando como pretexto la triste situación social y económica del país es el narco; es decir, el narco bien podría fraguar un movimiento social bajo la bandera de justicia para mandar al pueblo a matarse contra el gobierno, en forma de venganza o estrategia este panorama sería desolador, que el crimen ocupe como carne de cañón al pueblo más desprotegido para luchar contra el gobierno, al final de cuentas, las revoluciones se hacen con dinero y quien tiene los recursos para armar una cosa así, es el narcotráfico únicamente.

Desearía un despertar de la gente, no sé cómo por qué no soy partidario de la violencia, sin embargo, el despertar deberá estar encauzado en buscar el equilibrio de todo el país en una refundación de México, estoy dentro de un círculo viciosos de buscar una revolución sin sangre, lo más que se le parece es buscar una revolución de conciencias ¿cómo? Quién sabe.

2 comentarios:

Deivid dijo...

Para una revolucion de conciencias, tengamos por armas las ideas. Y la manera mas autentica es estando concientes de nuestra realidad, por mas cruda que esta sea, hay que buscar la refundación de un pueblo en los valores que lo llevaron a ser grande, en el coraje, la honradez y sobre todo la honorabilidad de las personas.

| m a r c e l a | dijo...

eso carajo!... y qué esperamos!?