11 de septiembre de 2010

La insurrección de los narcos


Si a principios de los noventas, los Estados Unidos veían a Colombia como una amenaza para su seguridad, cómo nos pueden considerar hoy cuando vivimos una tremenda crisis en materia de seguridad.


Irak, Afganistán y todos los países no gratos para los Estados Unidos se encuentran a miles de kilómetros de su frontera, y aunque de nosotros se dice que somos amigos de los norteamericanos, pareciera que corren una mala fortuna por hacer frontera con nosotros, al ser sus productores de droga y por nuestros altos índices de violencia; aunque no sé cuál de los 2 países ostentaría mas mala fortuna por nuestra obligada frontera, si ellos por su eterna paranoia en torno a su seguridad nacional, o nosotros por tener como vecinos al mayor consumidor de droga y al país que nos envía el mayor número de armas de manera ilegal.


Lo que sí, es que somos un tema constante para el gobierno de los Estados Unidos, migración y narcotráfico son nuestras malas calificaciones. Hillary Clinton habló una vez más sobre nuestro país, tocó el tema de México en un foro realizado en la sede de Washington del Consejo de Relaciones Exteriores, donde ofreció un discurso sobre la política exterior del gobierno de Barack Obama. La Señora Clinton expuso varias ideas sobre nuestro país, quizá para los mexicanos nos es más fácil comprender el problema del narco si nos acercamos a la visión política de Luis Estrada y su película “el infierno,” donde vemos que la inmensa pobreza, la falta de oportunidades y la corrupción de nuestros gobernantes, son el detonante de un problema que se generó hace mucho tiempo y que no somos capaces de visualizar una solución más que la que impone el estado: la de la militarización del país; sin embargo, la visión de Clinton desde mi punto de vista trae puntos erróneos y acertados.


En su última opinión que externó sobre la problemática que vivimos en torno al narco, Hillary Clinton habló de que los capos son una especie de insurgencia, y si en el sentido estricto la palabra insurgencia significa un levantamiento contra la autoridad, podríamos pensar que sí lo es; de hecho, en tiempos bicentenarios y sobre todo centenarios, podemos pensar que la mesa está puesta para una nueva revolución: pobreza, desigualdad y una clase política ajena a sus gobernados son el ingrediente ideal para un levantamiento; sin embargo, no hay organización política ni una línea ideológica de alguien que pretenda llevar a cabo un cambio en el sistema por las armas, el único movimiento político que pretende cambiar el sistema del país es el que encabeza López Obrador, movimiento que no va por la vía armada, muy al estilo de lo que fue Madero hace 100 años, en términos generales, en pleno año 2010 no hay nuevos Zapatas ni Panchos Villas en nuestro país. Lo que Hillary Clinton visualiza como una insurgencia es una guerra de narcos por plazas en complicidad con autoridades de los tres niveles de gobierno, nada que ver con una insurgencia para mejorar las circunstancias sociales del país.


Clinton compara nuestro país con la Colombia de hace 20 años, habla de que la insurgencia colombiana llegó a controlar el 40% del territorio nacional en aquel país sudamericano; México tiene grupos de sicarios más no revolucionarios, entiendo lo que trata de explicar Clinton con eso de la insurgencia de los narcos; sin embargo, pienso que su apreciación va más enfocada hacia una ausencia de estado de derecho que de una futura revolución. También es claro que quien tiene los medios para desestabilizar al país son los narcos, pero no hay un referente ideológico para hacerlo, aquí el único referente son las carretadas de dinero que genera su negocio.


A pesar de lo que se pueda decir de nuestro país en voz de la secretaria de estado, los norteamericanos saben perfectamente la causa y el efecto de los dos factores trascendentales en esta guerra que el gobierno mexicano emprendió contra los narcos, Hillary Clinton dijo en su exposición que las drogas mexicanas son consumidas en Estados Unidos y que las armas fluyen al sur, sentenció “tengo una sensación real de responsabilidad para hacer todo lo que podamos”. Los norteamericanos saben que el problema es compartido, su conocimiento no les alcanza para comprender que la militarización no es la solución, tendrán que volver a ver en los narcos mexicanos a muchos Al Capones, la solución no es más recursos a sus planes antinarcóticos que se traducen en más armas y mas confrontación, la solución está en reducir la inmensa desigualdad social en México, cambiar el sistema económico y de cereza en el pastel, la legalización paulatina de la droga.

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