3 de septiembre de 2010

Los tiempos exactos de Luis Estrada


Debo confesar que no me gusta la famosa época de oro del cine mexicano. Soy un analfabeta cinematográfico, que ubica el cine mexicano a partir de Sexo, pudor y lágrimas; apenas tengo 10 años de ser fanático del cine mexicano, pero en términos generales, soy un auténtico villamelón. He visto muy poco de Pedro Infante, Jorge Negrete, María Felix, Joaquín Pardave, el indio Fernández; tampoco soy muy dado a ver películas de Cantinflas ni de Tin-Tan. Decirme fanático del cine mexicano podría ser un sacrilegio para los verdaderos conocedores, simplemente no me siento identificado con ese cine, que quizá es muy bueno pero que a mi simplemente no me gusta.


Con el cine mexicano contemporáneo siento una plena identificación, puedo decir que le encontré gusto al cine mexicano en el año 2000; en ese año vi cuatro grandes películas: Todo el poder, La ley de Herodes, Amores perros y en VHS vi Sexo, pudor y lágrimas. La película de La ley de Herodes fue para mí, una película que me significó comenzar a visualizar una apertura real en nuestro país, hacer una crítica abierta al priismo más demagógico era símbolo de que los tiempo estaban cambiando, esa apertura se la atribuyo a la sociedad civil, no a la farsa foxista que ganó las elecciones en julio del 2000.


La ley de Herodes, puede ser un pequeño símbolo del derrumbe del sistema, 11 años antes la película Rojo amanecer de Jorge Fons, fue víctima de toda censura por parte del gobierno, expresar un crítica al sistema por medio de la cultura y las artes era rápidamente sofocada. En el año 2000, Luis Estrada, muestra en La ley de Herodes, la maquinaria priista en su máxima expresión y la forma como funcionó el sistema por años, exhibe su película exactamente a unos 4 meses de que se llevaran a cabo las elecciones presidenciales del año 2000 donde Fox ganó la elección. El cine mexicano contemporáneo me gusta en su parte crítica y política; Luis Estrada tiene esa capacidad de análisis para plasmar una visión muy cruda del México que estamos viviendo.


En el año 2006, cuando las maravillas del neoliberalismo foxista ya las concebíamos como una farsa, cuando México se autoproclamaba democrático con un país sacudido por la desigualdad social y caracterizado por su tráfico de influencias, Luis Estrada saco la película Un mundo maravilloso, igualmente a escasos mese de la elección presidencial de 2006, elección que polarizó al país en dos proyectos: el neoliberal, representado por Calderón, y el del cambio en el sistema económico, encausado por López Obrador.


Un mundo maravilloso de Estrada, es una comedia de humor negro que ejemplifica los resultados del neoliberalismo; es una película irreverente, cruda, sarcástica de la forma como el sistema neoliberal trata el problema de la pobreza en nuestro país, es una producción que ayuda a traducir las circunstancias sociales y que nunca vemos en los noticieros, ni muchos menos en las cifras oficiales. Esta película llega en el momento exacto cuando en México debatíamos en la casa, el trabajo, los bares, las fiestas, las sobremesas, en donde pudiéramos, la continuidad del sistema neoliberal o el cambio de rumbo. Un mundo Maravilloso llegó a las salas de cine exactamente como antesala de la elección federal de 2006 donde se impuso, no por voluntad popular, sino por un fraude electoral fraguado por una minoría rapaz, la figura del gerente Felipe Calderón.


El calderonismo arrancó el 1 de Diciembre de 2006 y en su afán de querer legitimar su gobierno, en vez de agarrar un pez gordo del foxismo (y miren que había) como lo hizo Salinas en 1988 al encarcelar a "la quina", prefirió hacer una guerra contra el crimen organizado; con todo y nuestras flamantes corporaciones policiacas, con todo y nuestro ruin sistema político, con toda nuestra desigualdad social, con todo el tráfico de influencias con que opera el sistema, con todos los defectos habidos y por haber… Calderón, comenzó su guerra con la cual hizo un cagadero de este país.


Calderón no tuvo tantita prospectiva para visualizar cuales eran los principales problemas de México antes de su guerra, ni mucho menos pensó que la criminalidad se hubiera podido combatir con educación y mejores empleos, creo un verdadero infierno que en 4 años de gobierno ha acumulado 28 mil muertes por la guerra contra el narco, con un escenario patético de desempleo y crisis económica.


Ante esta situación, salió nuevamente Luis Estrada con un nuevo film: EL INFIERNO. Una película con la cual cierra su trilogía (La ley de Herodes, Un Mundo Maravilloso y El Infierno), tres películas exactas a su época mostrando con esa peculiaridad nuestro México. El infierno es una película que satiriza el problema del narcotráfico en nuestro país, muestra esa mancuerna entre poder y crimen creado por la tremenda desigualdad social que abunda, es una película que no podemos dejar de ver para enterarnos por medio del cine el por qué del problema. En esta ocasión, más que irnos a entretener, debemos ver esta película como un acto de análisis en vísperas de nuestro flamante bicentenario.


Haciendo uso del copy paste, dejo a continuación una entrevista que hizo la revista proceso en su edición 1765 al protagonista de la cinta, Damián Alcázar:


El actor Damián Alcázar ahora da vida en El infierno a Benjamín García, El Benny, personaje que se involucra en el negocio del narco porque no le queda de otra.
–¿Cómo fue para usted protagonizar a un narcotraficante?
–Aunque es un personaje de comedia, traté, en acuerdo con el director, de mostrar lo terrible que es para un ser humano buscar, de una u otra forma la manera de salir de la hambruna y la pobreza. Y sabe que es penado por la ley, pero no tiene otra salida que volverse narcotraficante.
Protagonista también en los dos anteriores filmes de Estrada, La ley de Herodes y Un mundo maravilloso (Proceso 1739), platica a este semanario que El infierno aporta varios aspectos actuales:
“Primero, muestra la opinión de la mayoría de los ciudadanos respecto de las causas que ha generado esta ola de violencia en nuestro país. Segundo, muestra que unas cuantas personas lo tienen todo y no les interesa la pobreza de los demás. Tercero, que en el campo mexicano existen millones de jóvenes sin empleo, sin dinero y sin tierras para laborar.
“Cuarto, que muchas autoridades están coludidas con las ganancias que deja el negocio del narco. Quinto, que los gringos son los principales proveedores de armas para los grupos criminales y sus principales clientes en la compra de la droga. Sexto, que la mayoría de la gente metida en el negocio del narco se ha enrolado en esa vida no porque sean malas personas, sino porque no han encontrado, ni encontrarán, salida a la pobreza que han vivido por generaciones, en fin…”
–¿Cree que la película incomode al gobierno federal?
–Si tiene un poco de vergüenza, seguro que lo va a incomodar, pero el cinismo es la más brillante de las características del político mexicano en funciones, aunque, espero, habrá excepciones.
–¿Incomodará a la Iglesia?
–La Iglesia mexicana se caracteriza por ser de lo más conservadora. Siempre está del lado del Poder y no de la conciencia y la inteligencia de los ciudadanos. Gracias a Dios también hay excepciones.
–En la película, ¿Estrada perdonó al Ejército Mexicano?
–No se castiga a nadie ni se perdona a nadie. El infierno muestra una vorágine de violencia, en la cual todos los estratos sociales tienen vela en el entierro, excepto el ciudadano sencillo, el ciudadano común, que es sólo una víctima.
–El director, ¿no exageró en las escenas de violencia?
–La violencia jamás es exagerada. ¿Te puedes imaginar lo que un hombre siente antes de ser ejecutado, pensando en sus hijos o en su familia, o lo que una madre siente al ver que su niño es baleado en un retén... o lo que las madres de los niños de la guardería en Hermosillo sintieron cuando la Suprema Corte de Justicia dictaminó que ningún funcionario mayor fue responsable del hecho? Yo no.
“Eso sí que es violencia.”
–Para usted, ¿la política y las elecciones del país están en manos de los narcotraficantes?
–No. Los políticos y las elecciones siempre han sabido interrelacionarse con el narco desde finales de los cuarenta y en los años cincuenta, cuando ayuda a Estados Unidos, que estaba en guerra, y se decidió sembrar amapola en el país, desestabilizando aún más la economía de ciertas regiones. También desde siempre mucha gente en los núcleos de poder en México ha consumido drogas.
–Para usted, ¿hay esperanza para los jóvenes?
–¡Claro!, mandando a la chingada al neoliberalismo, poniendo interés y atención de parte de nuestras autoridades en resolver los graves problemas de hambre, salud, educación, empleo y, sin duda, revitalizando al campo y a las pequeñas poblaciones en provincia. Con eso nadie entraría a formar parte de ningún grupo delictivo.
“Un país en el que no hay hambre difícilmente tendrá este tipo de problemática, pero es nada más una esperanza, una utopía, una negada posibilidad.”
–¿Qué reflexionó al ver por primera vez la película?
–Que de verdad el país va en picada por las malas decisiones de nuestros gobernantes. Y claro, la derecha, personificada en la voracidad de los panistas, no ha hecho absolutamente nada por el indígena, el campesino y el trabajador mexicano en general, por lo tanto la vía de la violencia reapareció a 100 años de la Revolución Mexicana, cobrando en sólo tres años más muertos que en los tres primeros años de la Revolución.
También destaca que El infierno está narrado “de manera divertida, siendo una maravillosa comedia de humor negro, que el talento de Estrada y su equipo consiguió”.

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