9 de febrero de 2011

Así menos…


No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defendería hasta la muerte tu derecho de decirlo (Voltaire)


Del patético episodio de la manta, pasamos al fondo antidemocrático de un régimen que demostró una vez más, que ya no tiene argumentos para sostenerse. Calderón volvió a sacar lo peor de sí, tirando por completo el mito democrático en el que vivimos; fue capaz de destruir un endeble cimiento de nuestra democracia, representado en la libertad de expresión. No somos Cuba, no somos Venezuela, no somos Egipto, no somos Medio Oriente, somos el México más representativo de la simulación democrática, gobernado por quienes pretenden sostenerse por los medios más represivos; en formas distintas pero en fondos iguales, nuestro régimen representa lo que lo pudiera ser el régimen de Mubarak en Egipto.


Carmen Aristegui salió de la radio por decreto presidencial. Lo que parecía ser un arrebato de Fernández Noroña, resultó ser la fractura más fuerte del régimen calderonista en lo que va del sexenio; ni su necedad de seguir su guerra contra el narco, muestra tanta cerrazón. Lo que parecía ser una insignificante protesta de un puñado de diputados, resultó ser la forma más insensata de dar respuesta a lo que bien se pudo contestar hasta con una negación... o simple ser ignorado como las muchas cosas que se ignoran en este país. Calderón no exhibió su supuesto alcoholismo, Calderón exhibió que está de rodillas, que está derrotado, que no tiene rumbo, que nunca fue ni la mitad de lo que pretendió ser: el presidente del empleo, el de las manos limpias, el que nos libró del “peligro para México”, mucho menos el demócrata. Calderón firmó su papel en la historia en un bochornoso episodio que el mismo sistema se encargó de magnificar, mostrando que la democracia se queda en la retórica.


El actual régimen, demostró su falta de sentido común; lo que pretendía callar, simplemente le dieron más voz por medio de miles de mexicanos que ya no estamos dispuestos a recibir un insulto más de una clase política alejada, ciega, torpe, insensata. Carmen Aristegui, en su legítima defensa, cuestiona el actual sistema político que nos impide preguntar, sobre los temas de interés público.


Una verdadera democracia, debería de cuidar sus voces más críticas, más honestas; cuando una aparente “democracia” atenta contra la libertad de expresión, no le hace falta más argumento para demostrar que está ejerciendo un poder que no merece y que por lo tanto hay que cambiar, si por años se ha demostrado que los diferentes regímenes no están funcionando, vuelvo a proponer a nuestra capacidad de organización ciudadana como pilar del cambio, empezando por ser nosotros mismos los gobernantes de nuestros actos.


Si muchos ciudadanos del mundo se están organizando para transformar sus países y establecer verdaderas democracias, no veo por qué nosotros no. Como sociedad debemos encontrar la forma de hacerlo en este que es el momento más frágil del sistema, lo único que falta es esa capacidad de organización para dar el salto y establecer nuevas formas de ejercer el poder, la democracia está puesta sobre la mesa, simplemente hay que ejercerla…. PIDAMOS LO POSIBLE

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