9 de abril de 2011

El demonio de los egos

Es mejor conquistarte a ti mismo que ganar mil batallas, entonces la victoria es tuya... / Buda Gautama

A Santiago Pando, transformador incansable del entorno...


El gran problema de la política actual, es sobreponer las aspiraciones personales a la sensata acción de gobierno. Todas y cada una de las aspiraciones políticas de cada actor son legítimas, el gran problema es cuando el ego y el ansia de poder van por encima del diagnóstico de México. El poder político más allá de corromper, creo que enferma, nuestro país nos da muchos ejemplos a lo largo de su historia de que el poder se termina convirtiendo en una fuerza incontrolable que lo pudre y corrompe todo.

Es significativo analizar como el sistema político encabezado por el PRI, pudo gobernar 70 años, de los cuales los últimos 30 lo hicieron en la total decadencia, la putrefacción del sistema político priista contaminó el sistema económico mexicano, teniendo como resultado, una país con muy poca competitividad y productividad, este sistema engrandeció a líderes corruptos y dio línea abierta para permitir que todo funcionario se llenara los bolsillos. El priismo adoctrinó a mucha de la clase política en un esquema de corrupción, que se hicieron de todo pensándose privilegiados por estar ahí; por eso hoy las nuevas generaciones de priistas, que de niños pudieron conocer disneylandia por la burbuja color de rosa que sus padres crearon por medio de la administración pública, piden volver hacia el PRI, engrandeciendo las siglas, hasta con tintes fundamentalistas, del partido político que se los dio todo, más no ven la forma como ese partido y el sistema que alimentó, crearon un país disfuncional. Ni hablar del PAN, ni hablar del PRD, que igualmente sus gobernantes abandonan sus "principios" para beneficiarse a sí mismos; al final de cuentas todos los partidos serían perfectos si se condujeran por el correcto andar de las personas.

¿Para qué se quiere el poder? El poder es para ejercerlo, en teoría es para transformar el entorno; el esquema de la política mexicana, da poder para implementar primeramente, el culto a la personalidad; a los políticos les encanta ser reconocidos, por eso los políticos se pierden en el camino, porque reciben adulaciones constantes y se crean escenario que no son, su empoderamiento lo relacionan hasta con un destino manifiesto, piensan que fueron enviados para gobernar, el tema del poder es un tema que va desde el análisis psicológico, hasta la percepción metafísica que se tiene de él.

Más allá de la corrupción y del necesario cambio en nuestro sistema político, el gran problema de la política es el ego; es la visión pequeña y cerrada de quienes buscan trascender en la política por medio del aplauso más no de la transformación real, por medio de la fotografía en los mundanos periódicos de sociales más no de un proceso de interiorización que les permita tener un dialogo con ellos mismos, el político en el esquema actual, busca derrotar para humillar, buscar arrebatar, busca meramente empoderarse, pretende gobernar cuando no se es capaz de gobernar a sí mismo. Más allá de replantear nuevas reglas para el ejercicio del poder, los políticos deben replantearse para qué llegar a un puesto público. De nada sirve tratar de transformar la vida pública de México, si seguimos con personajes engreídos como actores principales de la política.

El ego, la vanidad, el ruín embellecimiento, las esferas color de rosas, el dinero, el constante aplauso, son los grandes problemas del político actual, todas la fuerzas políticas son iguales, tanto izquierdas como derechas son igualmente sensatas como miserables, es necesario volver al origen del ser humano, donde hagamos sencillo el empoderamiento de las personas sin la necesidad de engrandecer su personalidad. Bueno, el poder es hasta un asunto del espíritu.

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