9 de agosto de 2011

Demócratas aspiracionales.

Deberíamos ser un poco más realistas y hablar de la democracia como algo a lo que aspiramos. Quizá la gran confusión que tenemos es que no somos ni una dictadura ni un gobierno democrático; empecemos por definir que somos. Nuestro sistema político opera en el terreno de la simulacioncracia; defino esta forma de operar en México como el sistema político establecido en el país con el episodio de la alternancia partidista y procurado por todo poder fáctico, llámese empresarios, sindicatos, iglesia católica, clase política y que pretenden seguir igual aparentando que las cosas cambian para bien.


Cuando seamos demócratas en México la política nos va a dejar de importar, que maravilloso sería estar acostados una noche antes del próximo 1 de julio de 2012 esperando ir votar como cuando cambiamos el reloj el día que llega el cambio de horario, todos lo hacemos y sabemos que sirve de algo. No entiendo por qué en México los procesos electorales deben ser histéricos, años antes ya estamos pensando quién será el próximo presidente que sustituya al que todavía le quedan años por gobernar, pero que de antemano sabemos no va a funcionar pero que la mayoría puso en ese lugar, ¿Qué clase de democracia es esa?


Me imagino que la democracia será funcional en México cuando votemos por defender un sistema ya establecido que garantice vivir en paz, tener acceso a la educación, tener acceso a la salud, que dé una estabilidad económica que aumente el ingreso y proteja al medio ambiente. Lo que es realmente lamentable en México es que se vota por defender un sistema que opera totalmente contrario a lo que describí renglones arriba. Estamos en la antesala de ver el regreso del PRI a Los Pinos, a sabiendas que el proyecto priista está enfocado al cuidado de los monopolios, a la alianza con las mafias sindicales, al cuidado de los intereses económicos de la oligarquía y a negociar con el crimen organizado como respuesta al cagadero que hizo el señor Calderón en su sexenio. Por eso pienso que hay que ver a la democracia como algo a lo que debemos aspirar, y que en verdad siento decir, aún no tenemos.


Ubiquémonos en el esquema que para nuestro país ser democrático es organizar elecciones; por abrir las casillas a las 8 de la mañana, cerrarlas a las 6 de la tarde y poner dos horas después una sábana con los resultados electorales donde sólo votó la mitad de los empadronados, no se le puede llamar democracia, aunado a que de antemano sabemos que el ganador será, casualmente, el candidato de la oligarquía.


El excesivo gasto en comunicación social que utilizan los gobiernos para difundir sus obras, es el claro ejemplo de que es mejor hacernos creer que hacen, a ver realmente lo que están haciendo. Si un gobierno hace una calle que mejor que pasar por esa calle para saber que el gobierno está haciendo las cosas, pero el esquema de nuestro sistema opera como si las fuerzas políticas fueran una especie de franquicia que a sabiendas de que todas son lo mismo, una se tiene que quedar con el poder como sea.


Deseo con toda mi fuerza a que un día seamos un país verdaderamente democrático, la verdadera revolución en México no es la de cambiar un gobierno de miserables por otro igual de miserables, la verdadera revolución es la de implementar la verdadera democracia ya, que muchas veces es más revolucionaria que el mismo socialismo.

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