24 de agosto de 2011

Desmantelar al poder desde el poder...



¿Qué fue de la transición democrática del año 2000? A 11 años del histórico triunfo de Vicente Fox, el sistema político mexicano sigue empantanado por los mismos vicios de siempre. La democracia en México es simulada, y ante el fiasco que resultó ser la alternancia que se dio cuando el PAN arribó a la Presidencia, una mayoría de mexicanos ven en el PRI una opción para gobernar el 2012 por medio de la figura de Enrique Peña Nieto.


La transición democrática del año 2000, simplemente sirvió para darnos cuentas de que ni siquiera son los partidos políticos los que tienen el control del sistema, sino un grupo de poder que impone a su gusto el modelo que más le convenga, fortaleciendo así un régimen de privilegios que hacen prácticamente imposible el cambio en cualquier estructura de la vida política, económica y social de México.


Al final de cuentas, todos sabemos, hasta los mismos que operan el sistema, que México funciona dentro de un esquema de simulación donde es preferible la continuidad al cambio; que es preferible hacer creer que realmente hacer. Todo está tan bien orquestado que operan dentro de la aparente democracia, lo que permite visualizar el regreso casi eminente del PRI a la Presidencia, a sabiendas que el arribo de Peña Nieto nos representaría seguir en el esquema de simulación que tanto ha dañado el desarrollo social y económico de México.


Todos sabemos cuáles son los grandes males del país; nos levantamos todos los días sin opción de ver otro canal de televisión abierta que no sea Televisa o Azteca; quizá muchos lleven a sus hijos a escuelas contaminadas por la grilla e intereses del sindicato que maneja Elba Esther Gordillo; nuestro sistema económico está manejado por pocas manos que lo producen todo; nos enorgullece que Carlos Slim esté dentro de los tres hombres más ricos del mundo como si eso fuera poner en alto el nombre del país; nuestra burocracia es excesivamente costosa para los pocos resultados que da; de qué nos sirve realmente el Congreso de la Unión, los magistrados de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, para qué sirven los congresos de los estados; nada funciona bien y muy al contrario de querer cambiar el sistema, cada tres años nos impregnan de un aparente ambiente democrático por medio de los procesos electorales que sirven para arraigar más este sistema de privilegios.


A menos de un año para las elecciones presidenciales, con un ambiente un tanto generalizado de que es casi un hecho de que el Presidente sea Enrique Peña Nieto, todo parece ser que los poderes fácticos ya no verán al candidato de Acción Nacional como su gerente al cuidado de sus intereses, sino será el actual gobernador del Estado de México el que pueda operar a favor de los que realmente mandan en el país.


He escuchado varias veces que en este país pedimos a gritos un dictador que nos diga cómo hacer las cosas y que con ello, haga funcional el sistema. De hecho pienso que operamos dentro de una dictadura, no de partidos sino de grupos que hacen llegar a “La Silla del Águila” al que les cuidará sus dineros o sus cuotas de poder.


El gran proyecto para este país dentro del terreno político, es que primeramente tengamos una mayoría de mexicanos con una mínima capacidad de análisis para entender los grandes riesgos de seguir operando dentro de la simulación; no se pretende hacer una revolución, se pretende cambiar el sistema de manera brusca, rápida; se necesita un proyecto que llegue al poder para que desde ahí desmantele al mismo poder, necesitamos un proyecto que llegue sin retórica de cambio, que decida entrar por la buena o por la mala a desbaratar los intereses que no permiten tener una tercera o cuarta cadena de televisión abierta, un proyecto que fracture los intereses sindicales y que vea a la educación no como la suma de votos sino como la gran necesidad para transformar a México, necesitamos un proyecto que tenga la capacidad de cambiar el sistema económico de México y que vea como algo preocupante la inmensa pobreza, no un gobierno que se invente programas sociales que muchas veces sirven solamente para ganar adeptos en épocas electorales.


Desmantelar el poder significa establecer nuevas reglas para crear un sistema funcional que no dé vida a los monopolios sino que reparta la riqueza, significa ver primero los intereses más elementales de los mexicanos que los intereses personales de la clase política y empresarial.


Desmantelar el poder traería consigo una inestabilidad que los más conservadores no estarían dispuestos a vivir, pero que traerá consigo un nuevo orden a nivel político, social y económico. El día que un gobierno esté consciente de la necesidad de cambiar esto de raíz, este país dará muestras de épocas mejores; mientras no sea así, sigamos jugando a la democracia para que nos sigan gobernando los que conservarán los mismos privilegios de los mismos de siempre.

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