23 de febrero de 2012

Las encuestas, el nuevo vicio de la democracia mexicana.

La democracia en el mundo va superando limitaciones y al mismo tiempo, se va enfrentando ante nuevos retos. El intento democrático de México no es la excepción. En una sociedad teledirigida con una incipiente democracia (visualicemos México), no hay herramienta más eficaz para tratar de imponer a un candidato que la publicación de encuestas de opinión pública. No nos hagamos, las encuestas las gana quien las paga, o quién represente los intereses de quien las publica. Ante la falta de capacidad de análisis de una parte del electorado, ante la apatía colectiva y el miedo a los cambios, nos resulta muy fácil votar por el que va ganando, las encuestas tratan de hacernos creer que las tendencias son irreversibles y que no hay nada que hacer. Las encuestas tienen un impacto psicológico en una sociedad incapaz de decodificar el ambiente político. A muchos les gusta estar con el ganador, aunque ese supuesto ganador no represente los intereses de la mayoría.


En Querétaro tendríamos que recordar aquel 2 a 1 con el que el Diario de Querétaro pronosticaba con anticipación la victoria de Manuel González Valle sobre José Calzada en 2009. La historia fue completamente opuesta, hoy gobierna Calzada y aplica la misma relación política – comercial con esta empresa periodística destinando grandes cantidades de dinero para la publicidad oficial, a cambio de que este medio haga un periodismo a modo del gobierno actual, exactamente lo mismo que hizo el ex gobernador Garrido Patrón.


Tenemos una democracia molera, reducida a festejar si gana nuestro candidato; nuestra capacidad de análisis se limita a ver quién va a ganar en la próxima elección y no somos capaces de analizar el entorno político para elegir lo que más nos convenga. En la era del marketing político, el objetivo es no pensar. La profesionalización de la política se ha dado por el lado de la imagen pública y la publicidad; por ejemplo, me resulta impensable que los gobiernos sustenten su éxito por medio de las coordinaciones de comunicación social y no procuren mejor, establecer la profesionalización y transparencia de la administración pública. Los gobiernos están ansiosos de publicitar sus acciones; cuando la democracia es eficiente, no se tendría por qué hacer un gasto tan excesivo en comunicación social. La “vanguardia” de la comunicación política pretende hacernos creer que se hace.
Regresando al tema de las encuestas, estamos a 4 meses y días de la elección presidencial, se nos dice que la tendencia favorece a Enrique Peña Nieto, esto resulta bueno para unos y malo para otros. En lo personal me resulta lamentable el regreso del PRI a Los Pinos, por el hecho de que no fuimos capaces, después de la alternancia, de establecer una democracia real y un sistema más justo para todos. El regreso del PRI es una derrota de la ciudadanía, es sucumbir en nuestro ideal democrático. La demagogia establecida por el PAN y la incapacidad de la izquierda para convertirse en una opción, nos han puesto nuevamente ante la amenaza de un PRI que en 12 años no quiso renovar su visión política y ahora pretenden regresar aprovechándose de la resignación de un pueblo a no cambiar.


La competencia electoral ha hecho indispensable el uso de herramientas de marketing político. La televisión tiene un impacto brutal en la percepción de la gente. Hoy parece impensable tener un pueblo alerta ante el actuar de su gobierno cuando la televisión pone la agenda de lo que se tiene que hablar y sobre todo, cuando dirige la información con el objetivo de establecer un mismo modo de pensar. Las encuestas terminan siendo datos dirigidos a manipular la intención del voto, nos tratan de decir ¿de qué te sirve votar por el que no va a ganar? Las encuestas tienen la intención de crear una competencia de dos, tratando de jalar los votos de un tercero bajo el argumento del voto útil. Ya conocemos la historia de aquel voto con el que Vicente Fox llegó al poder, sirvió para sacar al PRI pero fortaleció las mismas prácticas antidemocráticas de ese partido.


Mientras vemos la guerra de las encuestas y nos preparamos para la próxima carnicería electoral, hoy tenemos a un Peña Nieto en un temporal primer lugar. AMLO y Josefina presentan sus respectivas encuestas donde se dicen segundos. Ojalá haya espacios para confrontar las ideas y poder tener elementos sustentables para elegir a un candidato. En el terreno de las ideas, de los tres candidatos, el que sale perdiendo es EPN, sustentado únicamente mediante marketing político. El PRI pretende hacer de la democracia no un sistema sustentable sino una verbena popular. Ojalá votemos con inteligencia, hasta donde dé la de cada quien.

11 de febrero de 2012

JVM, AMLO, y las tortas de huevo.

Acción Nacional buscará 18 años de gobierno en la figura de Josefina Vázquez Mota. No puedo concebir una imagen donde Felipe Calderón le entregue la banda presidencial a la candidata panista. Por puro sentido común, no debiéramos refrendar 6 años más de gobierno panista. El PAN sólo tiene argumentos para mantenerse en el poder por medio del marketing político; en base a resultados no hay mucho de donde se puedan defender, sólo el ya clásico argumento de la estabilidad macroeconómica a lo largo de los tres últimos sexenios es lo que pudieran argumentar como éxito, hay que decir que esto se viene arrastrando desde la última parte del sexenio de Ernesto Zedillo, en lo demás, Acción Nacional no fue capaz de poner las bases para un mejor país.

La retórica es la plataforma política de Josefina. El estilo es muy peculiar, su tono de voz cantadito, tierno, hablando de todo aquello que no hizo el PAN en 12 años pero que ahora sí se supone están dispuestos a hacer. La magia del photoshop nos muestra a una Josefina rejuvenecida, en los tiempos del marketing político la integridad se “fotoshopea”. Antonio Solá es el comandante de su cuarto de guerra, aquel “genio” que creó la frase “López Obrador es un peligro para México” comanda sus estrategias políticas.

Vázquez Mota se posiciona en un segundo lugar de las preferencias electorales (Claro, según Mitofsky). Josefina contesta todo menos lo que se le pregunta. ¿Cuál es la diferencia entre Fox, Calderón y ella cuando en los 12 años de panismo ha habido mucha corrupción? le pregunta Sergio Aguayo y contesta con paja. ¿Cómo va a poner en orden a Carlos Slim? le pregunta Denise Dresser y contesta con más paja. Lorenzo Meyer le pregunta sobre el crimen organizado y su fortalecimiento a pesar de la guerra calderonista y a Josefina se le acaba la pila del celular. Ahí está la candidata de Acción Nacional.

López Obrador sigue llenando las plazas donde se para. En términos de política moderna eso ya no es un termómetro para asegurar que obtendrá el triunfo, las plazas llenas en torno al peje nos hablan del fenómeno social que ha representado por años, nada más. López Obrador sigue teniendo conflicto con las formas y con el fondo. Propone la Secretaría de la Honestidad y millones de tuiteros dicen WTF. Hemos cometido el error como sociedad de darle un valor extremadamente subjetivo a la honestidad. Todo se dice que es honesto pero a la vez, todos sabemos que quizá nada lo sea, por eso no creemos ya en la honestidad en términos políticos. En lo que respecta a la Secretaría de la Honestidad que proponer AMLO, apuesto que la mayoría no sabe de qué se encarga la Secretaría de la Función Pública, habría que empezar por ahí; si uno se mete a la página de la SFP encontrará que la misión de esta dependencia es consolidar un gobierno honesto, eficiente y transparente. Tratar de encontrarle un funcionamiento romántico me resulta absurdo. El problema quizá es que no tenemos la capacidad para conceptualizar a la honestidad como parte de la terminología política, eso también es lamentable. AMLO bien en el fondo y nuevamente, mal en la forma.

El ambiente político es cada vez más volátil. Todos los días me encuentro a muchos que no saben por quién votar. Los tres candidatos tienen un margen de error extremadamente reducido ante el escepticismo de los votantes. Cualquier error representa pérdida de terreno en las preferencias electorales. En estos términos, el candidato que más sufrirá será Peña Nieto, debido a que es el puntero y debido a su dependencia a los asesores que le dicen lo que tiene que decir.

Y bueno, mientras disfruto del frío, de un café y puedo ponerme al tanto de las campañas que todavía no son campañas, percibo que López Obrador pone a los mejores hombres en lo que sería su gabinete pero que le queda poco tiempo para remontar, que Josefina hace del género una herramienta electoral y que el peñanietismo podría ser más tóxico que las tortas y tacos de huevo con los que mil priístas se enfermaron de salmonelosis.