13 de marzo de 2012

Peña Nieto y sus riesgos ante la improvisación.

En la política mexicana, la improvisación ante situaciones a bote pronto, puede convertirse en un flanco débil o en una cualidad. Hay que tener un alto grado de agilidad mental para salir bien librado de los malos momentos, sino se puede ser presa de la crítica al equivocarse de tamaño monumental en ciertas situaciones. Improvisar es un riesgo; ahora bien, una cosa es improvisar y otra ser un improvisado.


La naturaleza política de EPN emana de ser un improvisado. EPN es un político hecho bajo técnicas de marketing político, no está sustentado por una plataforma, ni por un discurso, ni por una carrera que venga de la lucha política desde abajo. Peña Nieto es un político cobijado por la élite, hijo político de Arturo Montiel, es heredero del priísmo más cuestionable, más obscuro. EPN es un político joven, su carisma no es natural, es fabricado por la televisión, fabricado por los modernos modelos de comunicación política que le exigen una perfección para aparentar ser el modelo de político que necesitamos.


EPN pretende mostrarse como un estadista, es el conejillo de indias de lo que pretende ser la profesionalización de la política; con él van más allá de convertirlo en el político joven, capaz, inteligente, carismático; pretenden que sea un modelo que inspire al elogio; la construcción del peñanietismo no se basa en un proyecto, es todo un plan que va desde hacerlo parte de la élite hasta tratarlo de identificar con las clases populares. El hecho de que salga en una portada de la revista Hola y en un reportaje de la revista TV Notas cumple con los objetivos establecidos por su cuarto de guerra. Perfectamente arreglado, se toma fotos con el papa en el vaticano acompañado con su esposa actriz que porta un velo negro cubriéndole la cara; igualmente él puede dejarse besuquear por sus fans en la plaza pública, quienes son capaces de gritarle “Peña Nieto bombón, te quiero en mi colchón”. Todo suma, tanto las manifestaciones elitistas como la creatividad popular.


EPN ha sido lento en comprender su papel dentro de la política mexicana, apenas comienza a entender que no puede dar “paso sin huarache”; no es él, el impulsor de un proyecto político, no es el líder natural; no es él, el que pone las reglas, más bien él es quien obedece las reglas de quienes pretenden hacerse del poder, EPN tiene la estrategia del spot para persuadir, tal parece que no necesita un proyecto lógico y congruente, la publicidad y la imagen pública estarán por encima. EPN es quien conquistó a la actriz popular, a la actriz de telenovela, convirtiéndola en herramienta de imagen. EPN representa la arrogancia disfrazada de amigo del pueblo, de amigo de “la prole”, aunque su representación real sea antagónica a las necesidades del pueblo.


El peñanietismo es un endeble proyecto político, el peñanietismo es un experimento, se podría convertir en el frankenstein de la política mexicana. EPN ha mostrado esa falta de capacidad para improvisar, por lo tanto la improvisación de aquí en adelante no estará en el libreto peñaniestista; si Peña Nieto es un improvisado en el sentido que su naturaleza política es fabricada, no es capaz de hacer uso de la improvisación en los momentos difíciles, se ha convertido en un perfecto diseño que está programado para decir, actuar, vestirse como se le diga, es como un niño de 3 años que pretende ser presidente de México. En el ambiente político su “inocencia” con la que comete errores infantiles y su ignorancia de los asuntos importantes del Estado nos debería de preocupar ante la posibilidad de convertirse en presidente de México.


Sus asesores sufrirán cuando a EPN se le ponga un micrófono en frente, cuando algún medio hostigador burle la seguridad y lo acose con preguntas; cuando vengan los debates tendrá que ser una grabadora para soltar sus argumentos, tendrá que agilizar la memoria en vez de la inteligencia. EPN no tiene mucho margen de maniobra porque no es capaz de salir a flote de los momentos difíciles. La imagen del teleprompter donde EPN lee en su toma de protesta como candidato “SI, PROTESTO POR LA GRANDEZA DE MÉXICO”, nos dice mucho de quien no puede decir una frase que tendría que salir del corazón y del alma cuando se aspira a ser presidente de México.


El que gane o pierda resulta secundario ante un personaje que resulta ser de plástico, habría que ver y analizar el por qué un amplio número de mexicanos estarían dispuestos a darle su voto. La subjetividad tiene que ser obligadamente respetada.

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