24 de julio de 2012

Democracia

Nunca antes los mexicanos habíamos tratado de entender y de construir tanto el concepto de democracia como ahora lo hacemos. Hay tres tipos de debates que se llevan a cabo en la situación política actual; el primero, es el que se lleva en la cúpula política, donde las dos principales fuerzas tratan de imponer su versión de los hechos. Por medio de argumentos legales, unos tratan de hacernos ver que el pasado proceso electoral fue impecable y los otros buscan la anulación de la elección por las prácticas antidemocráticas de sus oponentes. Visiones encontradísimas.

El segundo debate es el que se lleva a cabo en el ámbito de la comunicación y el periodismo, nunca antes tan cuestionado como ahora, nunca antes tan acorralado por la sociedad y exhibido por su tremenda parcialidad. Este debate va por  conducto de los medios tradicionales, llegando también por medio de la libertad que nos ofrecen las redes sociales. Aquí hay de todo, ahí está el grupo Televisa, que representa los intereses del sistema político y que también opera por medio de la prensa escrita en los espacios que ofrece Milenio, El Universal y el Excélsior. Hay un periodismo que también defiende los intereses de la izquierda mexicana, qué decir de la tremenda parcialidad de La Jornada. También hay que hablar del Diario Reforma, que da voz a muchos personajes y que aunque se identifica como un diario conservador podemos leer ahí a Dresser, a Aristegui y a Meyer, personajes que se les puede cuestionar su parcialidad (todos tenemos visiones subjetivas del entorno) pero que no se les puede acusar de defender intereses mezquinos.

En este segundo debate, se conjuga la credibilidad de los personajes con su visión del entorno. Dependiendo de "quién lo diga", podemos darle mayor grado de congruencia e imprimirle mayor verdad a su crítica u opinión. La democracia también se formula y se define en el debate que se da en los medios de comunicación. En este debate se tendría que incluir el tema de la misma democratización de los medios.

El tercer gran debate es el que llevamos a cabo los ciudadanos. Este es impresionante, identifico una inmensa intensidad desde el 2006; en aquel difícil año electoral, los ciudadanos no contábamos con redes sociales, recuerdo haber participado en un debate con una serie de amigos, conocidos y no conocidos vía correo electrónico, mismo que duro meses, se postergó hasta el conflicto post electoral, todos presas de la polarización que generó el proyecto de derecha y de izquierda. Desde el 2006 hasta hoy, debatimos en las sobremesas, en face, twitter, en las reuniones, donde se pueda; la política sale a discusión y las visiones son encontradísimas, desde aquellos que no tienen ni idea de lo que pasa en el entorno y lanzan sus legítimas opiniones, pasando por los que ven una incuestionable democracia hasta los que vemos una democracia ruin, simulada, insípida.

El problema de no haber construido una verdadera democracia cuando tuvimos una oportunidad histórica (Año 2000), es que hoy seguimos discutiendo qué tanta democracia hay en México, nuestras concepciones son divididas por una brecha enorme de los que ven una democracia ejemplar hasta los que pensamos que no merecemos este nivel de democracia. El debate no deja de ser sano; sin embargo, a estas alturas del partido tendríamos quizá, que estar puliendo la democracia a la que debimos haber llegado, no seguir aspirando a ella.

Desde mi personalísimo punto de vista, soy de los que opina que no nos podemos sentir orgullosos de nuestras instituciones democráticas, conformarnos con lo que se tiene sería estar de acuerdo con nuestra política económica, satisfechos con nuestra calidad educativa y ser indiferentes con la lastimosa situación social en la que vivimos y ser pasivos antes las muchas injusticias que se dan en el sistema. Cuestionar nuestra democracia no es malo, al contrario, quien la cuestiona aspira a un futuro mejor. Los que marchan, los que gritan, lo que no se tragan el cuento de la limpieza electoral, a todos ellos los pongo en rango de verdaderos patriotas, ellos hacen de la rebeldía una forma de construir otro México, uno mejor. Todos ellos, los inconformes, hoy son más necesarios que nunca.











4 de julio de 2012

Cómo entender la palabra fraude...

Es entendible esta guerra de visiones muy particulares que tenemos muchos dentro de las redes sociales respecto a lo acontecido en las pasadas elecciones. Las formas de nuestra democracia están por debajo de lo que podríamos considerar “rudimentarias”, nos enfrascamos en confrontar la visión de los vencidos y de los vencedores; como ciudadanos hacemos propias las victorias y las derrotas, lo vemos todos los días en la red social, en las discusiones de sobremesas. La política es intensa, es apasionante.

La visión política del “vencedor” (en esta ocasión entrecomillo por circunstancias que en breve explicaré) trata de aniquilar por completo la visión de los “vencidos”; es decir, se busca el sometimiento de los muchos que optamos por la visión “perdedora” en la medida de que se impuso la opción de la mayoría; el sometimiento que pretenden los que salieron victoriosos lo manifiestan también no solo por el hecho de que más gente votó por su candidato sino que se cree que son mayoría porque tienen el monopolio de la verdad; eso crea aún mayor arrogancia al manifestar su corta visión.

¿Quiénes dicen que tienen la verdad en un proceso tan amañado como el que acabamos de vivir? Es al dar respuesta a esta pregunta lo que podemos entender por fraude. La democracia mexicana dio, una vez más, un ejemplo de ser un proceso dirigido a mantener el status quo en beneficio de la oligarquía, es más, me resulta inútil la estrategia de la izquierda por tratar de abrir los paquetes electorales aún cuando lo permita la ley; creo que vamos a encontrar lo mismo que ya se manifestó en las actas y esto no quiere decir que no hubo un fraude electoral, claro que lo hubo, tan calculado y maquilado que desde que comenzó esta operación, vimos el impulso de la maquinaria mediática por imponer a Peña.

Televisa, las encuestadoras y la maquinaria de compra de voto son, en toda la extensión de la palabra, un fraude. El gran problema de nuestra democracia son sus instituciones; es más, las palabras de López Obrador de “al diablo con las instituciones ” hoy tendrían mayor legitimidad que en cuando se dijeron en el proceso anterior. A 6 años del 2006, a 6 años de aquel fraude electoral, que ahí sí se materializó en votos, los actores políticos no hicieron nada por fortalecer a la democracia, muy al contrario, la volvieron a dejar al servicio de un minúsculo grupo de poder que por medio de Peña, defenderán sus intereses.

El apoyo de Televisa a Peña Nieto fue siempre descarado; la manipulación mediática con las encuestas fue un factor determinante, tiene un impacto trascendental el que te digan que Peña Nieto va a ganar por 17 puntos de diferencia como lo vino haciendo todos los días la encuesta GEO ISA de milenio y muchas otras. Todo esto fue maquilado por el sistema, más la lamentable compra de votos. Las fotografías de la gente pagando con las tarjetas en las tiendas de soriana que les dieron por su voto, es una imagen que nos dicen el nivel en que está nuestra democracia: nula, inexistente, simulada. Si a pesar de todo esto se considera que no hubo un fraude y que en la lógica de los resultados el PRI diga que el proceso fue impecable, estamos jodidos como nación.

Con este proceso electoral México pierde. Reconozco el valor y el ímpetu de los jóvenes del #yosoy132 que han tratado de cambiar el panorama; sin embargo, si no toman acciones más radicales los veremos el 1 de diciembre a fuera del congreso protestando cuando Peña adentro esté tomando protesta, y una vez más no volverá a pasar nada. Una vez más parece que México no cambiará en sus estructuras políticas, la gran interrogante es qué hacer ante peña impuesto como presidente, más allá de salir a las calles a marchar. Hemos agotado muchas opciones, no veo quien pueda encabezar un cambio radical ante la infamia que representa este sistema, la vía electoral la hemos agotado.