7 de junio de 2013

El crimen organizado, la última expresión del capitalismo.



México es una víctima del sistema económico mundial.  Nuestro país no puso resistencia para implementar las medidas impulsadas por el FMI y el BM desde hace 30 años. Muy al contrario, nuestros últimos cinco gobiernos fueron dóciles para establecer en el país lo que les convenía a otros menos a nosotros. Aunada a esa complicidad del PRI gobierno con el gobierno de los Estados Unidos, se dio una corrupción en el aparato del estado que sigue siendo estratosférica. La combinación perfecta para una total decadencia, fue la mezcla de un sistema económico disfuncional más la lacerante corrupción.

Lo único que logró la alternancia democrática del año 2000, fue fortalecer al sistema económico. La democracia fue la bandera con la que los poderes fácticos obtuvieron más privilegios. La democracia no se tradujo en mejores oportunidades, ni en combate a la corrupción, ni en reducción de la pobreza; nada, simplemente vimos el fortalecimiento de las criaturas del estado, nombre que acuñó Denise Dresser a quienes imponen sus intereses encima de los intereses colectivos, llámense televisoras, sindicatos, clase política, monopolios, etc…

Aunque los apóstoles del sistema, visualizados en comunicadores oficiales, tecnócratas, funcionarios públicos, empresarios, etc., defiendan algunos beneficios del la implementación del libre mercado en México, la realidad es completamente otra a la oficial. No podemos defender un sistema  que ha funcionado en base a los privilegios y la simulada impartición de justicia que dio como resultado el fortalecimiento del crimen organizado. En los últimos seis años, vivimos una catástrofe social resumida en números fríos: 80 mil muertos más 25 mil desaparecidos por la guerra contra el narcotráfico, que a su vez, resume su fracaso en más consumo de drogas en el país, más importación de las mismas a los Estados Unidos y mayor auge de las bandas criminales. Todo esto es el resultado de 30 años de necear ( más los seis que vienen con EPN) imponiendo un sistema económico que creó a un reducidísimo grupo de oligarcas y a un millonario grupo de personas viviendo en la pobreza.

La tambaleante clase media, naturalmente pasiva y conservadora, aspira al mejoramiento de la calidad de vida donde el sistema juega en su contra.  Todo se ha comercializado, hasta lo más elemental tiene un precio como lo es la educación y el acceso a la salud de calidad. La clase media, de naturaleza trabajadora y legítimamente aspiracional, trabaja sin un sentido crítico, visualizado en que todo lo paga al precio que se lo den.  Por otro lado, se nos enseña a lo largo de nuestra vida que el dinero es el fin único al que tenemos que aspirar, tanto por necesidad como por plusvalía. El sistema le seguirá poniendo precio a todo. Visualizo el apocalipsis cuando veo que el ex secretario de finanzas de un estado inmensamente pobre como Tabasco, se robó tanto dinero para comprarse un Ferrari. La última representación del capitalismo más atroz es el crimen organizado. El problema sustancial es económico, y aunque esto es relativo, el crimen funciona a base de dinero, no hay de otra.  La extorsión, como el secuestro y como los negocios de la clase política pretenden terminar en una transacción económica, todo va en dirección de hacer dinero. El problema es que el sistema permite que el dinero se haga sin un sentido ético, con formas ausentes de legalidad, bajo el perfecto esquema de fusionar autoridades con criminales. El crimen organizado es la última expresión del capitalismo.