31 de julio de 2013

El gran mal de nuestra sociedad mediatizada.



He aprendido a vivir bajo la máxima que imprimió el maestro Valdano “El fútbol es lo más importante de lo menos importante”. De todas formas me considero un fanático. Ya no lloro si Chivas pierde, ya no estoy dispuesto a formarme más de dos horas por conseguir un boleto para entrar al estadio y me viene valiendo pito que el equipo de mi ciudad vuelva a descender por enésima vez. A pesar de todo lo anterior, me sigo considerando un fanático; soy el arrogante aficionado que desde que el fútbol se terminó de hacer global en materia de transmisiones, prefiere ver Champions y liga española. Blasfemo contra Sky y sus prácticas monopólicas respecto al  acaparamiento de transmisiones, pero voy a tomar cerveza donde tengan este sistema satelital para ver el Barçca vs Madrid. A partir de la próxima temporada, si queremos ver jugar al Chícharo, tendremos que contratar Sky,  ya que la liga inglesa le entregó las nalgas a esta empresa global.

Ahora bien, bajo este contexto, no puedo dejar de señalar, criticar, satirizar, asombrarme, persignarme, asustarme, desgarrarme las vestiduras, reírme, asombrarme (otra vez), enojarme, encabronarme, reemputarme, pensar “que mamada”, sacar los complejos del ciudadano consciente, recordar el fraude de 2006 y la imposición de 2012, blasfemar contra los españoles y la conquista, odiar a los norteamericanos que nos quitaron la mitad del territorio, maldecir a los alemanes que nos ganaron en México 1986 y Francia 1998,  preguntar ¿por qué Dios? como cuando los gringos nos ganaron en el mundial de 2002, sacar nuevamente lo peor de mi como lo hice contra Maxi Rodríguez por el gol que nos hizo en el mundial de 2006 (gol que nunca en su puta vida volvió a hacer) y tener ganas de volver a llorar como cuando niño, por el gol que América le hizo a Chivas con un centro de Edu a pierna cambiada en el estadio Azteca... Todo lo anterior siento  por ver la forma como este país pide a gritos la destitución del entrenador de la selección y le viene valiendo literalmente verga el acontecer nacional. Me asombra la forma como algunos ciudadanos se organizan para ir a mentar madres a los seleccionados al aeropuerto después de un pésimo torneo; de igual forma me asombran, las condolencias exageradas para un futbolista de gran talento cuando nos es indiferente la situación actual de MichoaIrak, donde mueren docenas en un literal conflicto armado.

Habrá que entender que los medios de comunicación ponen la agenda de lo que se tiene que hablar, pensar, decir, y resulta importantísimo hablar de fútbol, dado en dosis diarias a un pueblo que sostiene en base a su ignorancia a pésimos gobernantes que sabrán que mientras más nos la meten, más se las vamos a pedir. Todo este ambiente de exagerado análisis futbolero, resulta chocante y refleja a todo un país donde el presidente actual no ha leído tres pinches libros en su vida y donde la virgen de Guadalupe hace milagros en horario estelar.